← Volver a lugares
ESPACIO-NATURAL

Embalse de Calanda

📍 Calanda · Bajo Aragón

Gran embalse sobre el Guadalope, rodeado por un paisaje abrupto y mediterráneo, pieza fundamental para la regulación del río y uno de los grandes espacios de agua del Bajo Aragón.

Sobre este lugar

El Embalse de Calanda transforma profundamente el paisaje del río Guadalope antes de que sus aguas continúen hacia las zonas agrícolas del Bajo Aragón.

Con una capacidad aproximada de 54,3 hectómetros cúbicos, constituye una de las principales infraestructuras de regulación del sistema Guadalope.

El río Guadalope

El Guadalope nace en las montañas de la provincia de Teruel y atraviesa paisajes muy diferentes antes de desembocar en el Ebro.

A lo largo de su recorrido sus aguas han sido aprovechadas históricamente para abastecimiento, agricultura, energía y diferentes actividades humanas.

Una cadena de embalses

El de Calanda forma parte de un sistema de regulación más amplio.

Aguas arriba se encuentran otras infraestructuras del Guadalope y de sus afluentes, especialmente en el entorno de Santolea y el río Bergantes.

54,3 hectómetros cúbicos

El embalse tiene una capacidad aproximada de 54,3 millones de metros cúbicos de agua.

En su máximo nivel normal, la lámina de agua puede ocupar alrededor de 312 hectáreas.

Un embalse largo y sinuoso

La forma del valle condiciona su aspecto.

La lámina de agua se introduce entre el relieve creando entrantes, laderas y diferentes perspectivas que cambian notablemente según el nivel almacenado.

Regular un río mediterráneo

Los ríos mediterráneos pueden experimentar fuertes diferencias de caudal entre épocas húmedas y secas.

Los embalses permiten almacenar parte del agua disponible y administrarla posteriormente de acuerdo con diferentes necesidades.

Regadío

Uno de los usos fundamentales del sistema del Guadalope es el riego.

La regulación del agua ha tenido una enorme importancia para la agricultura del Bajo Aragón y para los cultivos situados aguas abajo.

Abastecimiento

Las aguas reguladas por estas infraestructuras participan también en el abastecimiento de poblaciones.

La gestión del Guadalope constituye por ello una cuestión esencial para buena parte del territorio.

Energía

La presa está asociada además al aprovechamiento hidroeléctrico.

El desnivel creado por el embalse permite utilizar la energía potencial del agua para producir electricidad.

La transformación del paisaje

La construcción de una presa modifica radicalmente un valle.

Zonas anteriormente recorridas por el río quedan inundadas y las laderas pasan a formar las orillas de una nueva masa de agua.

El resultado es un paisaje en el que naturaleza e ingeniería resultan inseparables.

Un nivel cambiante

La apariencia del embalse puede variar considerablemente.

Las lluvias, aportaciones del río, necesidades de riego y gestión hidráulica hacen que la línea de costa avance o retroceda a lo largo del año.

El paisaje del Bajo Aragón

El contraste entre el agua y las laderas mediterráneas proporciona algunas de las vistas más características del entorno.

La vegetación, los barrancos y la geología continúan marcando el paisaje incluso después de la transformación producida por la presa.

Fauna

Las masas de agua artificiales pueden convertirse también en hábitat o zona de alimentación para diferentes especies, especialmente aves y fauna acuática.

La observación debe realizarse siempre respetando las zonas sensibles y la normativa existente.

Un paisaje para recorrer con calma

Más que buscar un único monumento o punto concreto, el interés del embalse reside en contemplar la relación entre el agua y el relieve.

Distintos lugares del entorno ofrecen perspectivas muy diferentes de la lámina y de la presa.

La presa

La infraestructura permite comprender la verdadera escala de la obra.

Desde sus proximidades resulta más fácil apreciar el desnivel existente entre la masa de agua almacenada y el cauce que continúa aguas abajo.

Qué observar

Busca un punto seguro desde el que puedas contemplar conjuntamente agua, laderas y presa.

Fíjate en la marca que dejan los cambios de nivel sobre las orillas y observa cómo el antiguo valle determina todavía la forma sinuosa del embalse.

El Embalse de Calanda permite comprender que el paisaje actual del Bajo Aragón también es resultado de grandes obras hidráulicas destinadas a gestionar un recurso que siempre ha sido decisivo en estas tierras: el agua.