Sobre este lugar
La Estación Nueva de Ferrocarril de Caminreal es una de las piezas más interesantes del patrimonio ferroviario y de la arquitectura del siglo XX en la provincia de Teruel.
Inaugurada en 1933, fue concebida en un momento en el que Caminreal se convirtió en un importante nudo de comunicaciones entre Zaragoza, Teruel, Valencia y la línea internacional de Canfranc.
Pero su interés va mucho más allá de la historia del ferrocarril: el edificio constituye un notable ejemplo de la arquitectura moderna española adaptada deliberadamente al paisaje y a la tradición constructiva aragonesa.
Caminreal, un cruce de caminos
La posición estratégica de Caminreal viene de mucho antes de la llegada del tren.
En época antigua, el corredor del Jiloca favoreció el desarrollo de la ciudad celtibérico-romana de La Caridad.
Siglos después, los caminos y carreteras continuaron aprovechando este mismo eje natural.
Con la llegada del ferrocarril, Caminreal volvió a convertirse en un importante punto de conexión.
La primera estación
A comienzos del siglo XX ya existía una estación vinculada a la línea que comunicaba Calatayud con Valencia.
Aquel edificio, inaugurado en 1902, ha sobrevivido y actualmente alberga el Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal (CICAR).
Por tanto, Caminreal conserva dos generaciones diferentes de arquitectura ferroviaria a poca distancia entre sí.
El ferrocarril Zaragoza-Caminreal
La gran transformación llegó durante las primeras décadas del siglo XX con la construcción de la conexión ferroviaria entre Zaragoza y Caminreal.
El nuevo tramo permitía enlazar Zaragoza con Teruel y Valencia y, al mismo tiempo, facilitaba la comunicación con la línea internacional de Canfranc, inaugurada pocos años antes.
La nueva línea fue inaugurada el 2 de abril de 1933.
Dos grandes arquitectos
El proyecto de la estación está relacionado con dos figuras fundamentales de la arquitectura española del siglo XX: Luis Gutiérrez Soto y Secundino Zuazo Ugalde.
El resultado combina las nuevas ideas racionalistas con elementos inspirados deliberadamente en la arquitectura tradicional aragonesa.
Racionalismo con identidad aragonesa
El edificio posee un volumen marcadamente horizontal, siguiendo la dirección de las vías.
Esta horizontalidad se rompe únicamente mediante una torre situada en uno de los laterales.
La composición responde a criterios funcionales modernos, pero evita convertirse en una arquitectura completamente ajena al territorio.
Blanco, ladrillo y teja
Las fachadas combinan grandes paños encalados en blanco con bandas horizontales de ladrillo rojizo.
Aparecen también cubiertas de teja cerámica curva y carpinterías que tradicionalmente aportaban color al conjunto.
Estos materiales permitieron introducir referencias locales dentro de un lenguaje arquitectónico plenamente moderno.
Una estación diseñada para funcionar
La arquitectura racionalista prestaba especial atención a la organización de los espacios.
En Caminreal, los diferentes accesos y servicios fueron distribuidos para evitar cruces innecesarios en las circulaciones.
La forma del edificio no responde únicamente a una intención estética: está estrechamente relacionada con su funcionamiento como estación.
El gran edificio horizontal
La construcción se organiza alrededor de un cuerpo central al que se adosan diferentes anexos laterales.
Junto al edificio principal existían además otros espacios vinculados a los servicios ferroviarios.
La fachada hacia las vías y la fachada exterior reciben tratamientos diferentes dependiendo de sus funciones.
Un impulso para Caminreal
La estación tuvo una enorme importancia económica y social.
El ferrocarril convirtió a Caminreal en un verdadero nudo ferroviario y favoreció el crecimiento de la localidad, especialmente durante las décadas centrales del siglo XX.
Para varias generaciones, trenes, ferroviarios y viajeros formaron parte inseparable de la vida cotidiana.
El final de una etapa
Los cambios producidos en la red ferroviaria terminaron reduciendo progresivamente la importancia de estas instalaciones.
La estación quedó finalmente sin uso en 1995.
Paradójicamente, la ausencia de grandes reformas posteriores permitió conservar buena parte de su configuración original.
Patrimonio arquitectónico del siglo XX
En 2007 la Estación Nueva de Caminreal fue declarada Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés.
La protección reconoce tanto su interés arquitectónico como su importancia histórica, económica y social para la localidad.
Dos estaciones, dos épocas
Una de las características más interesantes de Caminreal es poder comparar sus dos estaciones.
La antigua estación de 1902, actualmente convertida en CICAR, responde a una primera etapa del desarrollo ferroviario.
La estación de 1933 pertenece ya al lenguaje de la arquitectura moderna.
Separadas por apenas unas décadas, permiten observar una transformación enorme en la manera de concebir este tipo de edificios.
Ferrocarril y arqueología
La visita puede combinarse además con el cercano Yacimiento Romano de La Caridad.
La relación resulta especialmente sugerente: hace más de dos mil años este lugar prosperó gracias a su posición dentro de un importante corredor de comunicaciones y, en el siglo XX, Caminreal volvió a crecer precisamente por esa misma razón.
Las tecnologías cambiaron, pero la geografía continuó condicionando los caminos.
Qué observar
Contempla primero el edificio desde cierta distancia para apreciar su marcada horizontalidad.
Después busca la torre que rompe deliberadamente esa composición.
Fíjate en el contraste entre los muros blancos y las bandas de ladrillo rojizo y observa cómo materiales profundamente asociados a Aragón fueron incorporados a una arquitectura moderna.
La Estación Nueva de Caminreal demuestra que el patrimonio de Teruel no termina en la Edad Media: el ferrocarril y la arquitectura del siglo XX también forman parte de la historia de la provincia.