Fuente de Cella
Uno de los grandes pozos artesianos de Europa, monumentalizado en el siglo XVIII y origen de un histórico sistema de acequias que transforma la vega del Jiloca.
Sobre este lugar
La Fuente de Cella es mucho más que una fuente monumental. Bajo su enorme lámina de agua se encuentra uno de los grandes pozos artesianos de Europa, un fenómeno hidrogeológico que durante siglos ha condicionado el paisaje, la agricultura y la propia historia de Cella y del valle del Jiloca.
Situada dentro del casco urbano, sorprende por sus dimensiones: aproximadamente 35 metros en su eje mayor, 25 metros en el menor y unos 130 metros de perímetro.
Pero lo verdaderamente extraordinario sucede bajo tierra.
¿Qué es un pozo artesiano?
Un pozo artesiano aprovecha agua subterránea almacenada en un acuífero confinado.
El agua penetra en el terreno en zonas situadas a mayor altitud y circula a través de materiales permeables. Cuando queda atrapada entre capas menos permeables, puede encontrarse sometida a presión.
Al existir una salida adecuada hacia la superficie, esa presión permite que el agua ascienda sin necesidad de utilizar sistemas modernos de bombeo.
La Fuente de Cella constituye un magnífico lugar para observar y comprender este fenómeno.
El agua bajo Cella
En este sector, el funcionamiento hidrogeológico está relacionado con la acumulación de agua entre formaciones geológicas con diferente permeabilidad.
El enorme depósito subterráneo alimenta la surgencia y explica la abundancia de agua en un territorio donde este recurso ha tenido siempre un valor extraordinario.
Un enorme pozo
La Fuente tiene forma aproximadamente elíptica.
Su eje mayor alcanza unos 34,83 metros y el menor aproximadamente 24,84 metros.
La profundidad ronda los 9 metros junto a los bordes y puede alcanzar aproximadamente 11,5 metros en la zona central.
Estas dimensiones ayudan a entender por qué tradicionalmente ha sido considerada uno de los grandes pozos artesianos europeos.
Miles de litros de agua
El caudal de la Fuente puede ser extraordinariamente elevado y varía naturalmente en función de las condiciones del acuífero.
Las referencias municipales señalan un caudal medio histórico en torno a 3.500 litros por segundo.
No estamos, por tanto, ante una pequeña surgencia ornamental, sino ante un fenómeno hidrogeológico capaz de alimentar todo un sistema tradicional de regadío.
Una fuente medieval
La historia de la Fuente como obra acondicionada por el ser humano se remonta a la Edad Media.
Durante siglos se realizaron intervenciones destinadas a controlar y aprovechar un recurso cuya importancia económica era enorme.
La tradición histórica de Cella ha relacionado también esta etapa medieval con la presencia de la Orden del Temple en la localidad.
Domingo Ferrari
El aspecto monumental que hoy caracteriza a la Fuente procede fundamentalmente del siglo XVIII.
Entre 1729 y 1731, el capitán de ingenieros Domingo Ferrari dirigió su acondicionamiento por orden de la Audiencia de Aragón.
El gran vaso quedó delimitado mediante un sólido pretil de piedra de sillería que proporciona al conjunto su característica forma monumental.
La ermita de San Clemente
En uno de los extremos de la Fuente se encuentra la pequeña ermita de San Clemente.
El edificio se integra directamente con la infraestructura hidráulica y cubre uno de los puntos por los que sale el agua.
Esta combinación de arquitectura religiosa e ingeniería tradicional es uno de los detalles más singulares del conjunto.
El nacimiento del Jiloca
La Fuente está íntimamente asociada al nacimiento y cabecera del río Jiloca.
Desde Cella, el agua comienza un largo recorrido hacia el norte atravesando algunas de las vegas más fértiles de la provincia de Teruel antes de incorporarse al Jalón.
De esta forma, un fenómeno que comienza bajo el suelo de Cella termina formando parte de una cuenca hidrográfica mucho mayor.
Tres grandes acequias
El agua de la Fuente se distribuye tradicionalmente mediante tres conducciones principales: la Acequia Madre, la Acequia del Caudo y la Acequia de la Granja.
Estas acequias permitieron transformar el territorio situado aguas abajo y sostener durante generaciones una importante agricultura de regadío.
Agua para siete pueblos
El aprovechamiento de la Fuente supera ampliamente los límites municipales de Cella.
Tradicionalmente sus aguas riegan tierras de Cella, Villarquemado, Santa Eulalia, Torremocha de Jiloca, Torrelacárcel, Alba y Villafranca del Campo.
La Fuente constituye así un magnífico ejemplo de cómo un recurso natural puede organizar la economía y las relaciones entre varias poblaciones.
Las Ordenanzas de 1772
Repartir una cantidad de agua tan valiosa requería normas precisas.
El sistema tradicional de riego quedó regulado mediante las Reales Ordenanzas y Providencias de 1772.
Turnos, derechos y obligaciones permitían distribuir el agua entre las diferentes comunidades y terrenos agrícolas.
Este sistema demuestra que la Fuente es también patrimonio cultural: alrededor del agua surgieron normas e instituciones que organizaron durante siglos la vida de todo un territorio.
El agua antes de la Fuente
La importancia hidráulica de Cella es mucho más antigua.
En época romana se construyó el extraordinario Acueducto Romano de Albarracín-Gea-Cella, una obra de ingeniería que transportaba agua mediante un largo sistema de canales y galerías excavadas en la roca.
Fuente y acueducto pertenecen a momentos históricos muy diferentes, pero juntos convierten este territorio en uno de los mejores lugares de Teruel para comprender cómo distintas sociedades afrontaron el mismo problema: conseguir, conducir y aprovechar el agua.
El corazón de Cella
Con el paso del tiempo, la Fuente dejó de ser únicamente una infraestructura hidráulica.
Se convirtió en uno de los principales símbolos de Cella y en un espacio estrechamente ligado a la vida cotidiana del municipio.
El paseo que rodea el gran vaso permite contemplarla desde diferentes perspectivas y comprender sus dimensiones.
Una parada perfecta camino de Albarracín
Su ubicación convierte la Fuente en una visita especialmente sencilla de combinar con otros lugares de la zona.
Cella se encuentra en uno de los principales accesos hacia la Sierra de Albarracín y permite completar perfectamente una jornada dedicada al acueducto romano, Albarracín o los paisajes próximos.
A diferencia de otros recursos que requieren una excursión específica, aquí el fenómeno hidrogeológico se encuentra integrado directamente en el pueblo.
Qué observar
Acércate primero al pretil y observa las dimensiones del vaso.
Después busca el punto por el que el agua abandona la Fuente y comienza a incorporarse al sistema de acequias.
Fíjate también en la ermita de San Clemente y en la obra de sillería que rodea el conjunto.
Pero lo más interesante es imaginar aquello que no puede verse.
Bajo tus pies existe un sistema de rocas y agua subterránea que recoge las precipitaciones, las conduce lentamente por el subsuelo y termina permitiendo que el agua alcance la superficie.
La Fuente de Cella es, en definitiva, una enorme ventana abierta hacia el agua que circula bajo el paisaje turolense.