Hornos Cerámicos de El Olmo y Mas de Moreno
Extraordinario complejo alfarero íbero-romano de Foz-Calanda con numerosos hornos, testares y espacios de trabajo que permiten descubrir cómo se fabricaba cerámica hace más de dos mil años.
Sobre este lugar
Los Hornos Cerámicos de El Olmo y Mas de Moreno, en Foz-Calanda, forman uno de los conjuntos arqueológicos más singulares del Bajo Aragón.
A diferencia de los poblados ibéricos que permiten conocer dónde vivían estas comunidades, aquí podemos acercarnos directamente a cómo trabajaban y producían miles de recipientes cerámicos hace más de dos mil años.
Un gran centro alfarero
Los yacimientos se encuentran a unos tres y cuatro kilómetros de Foz-Calanda, en las proximidades del río Guadalopillo.
Las investigaciones arqueológicas han demostrado que en este lugar existió un importante complejo dedicado a la producción de cerámica.
Mas de Moreno y El Olmo
El conjunto se distribuye fundamentalmente en dos sectores separados por aproximadamente 400 metros.
El principal es Mas de Moreno, mientras que en las proximidades se encuentra el horno conocido como El Olmo.
Siete hornos en Mas de Moreno
En Mas de Moreno se han documentado restos de hasta siete hornos de diferentes tamaños y características.
La concentración de estructuras demuestra la importancia que alcanzó la producción alfarera en este enclave.
El horno de El Olmo
En el segundo sector se excavó otro horno.
La presencia de diferentes instalaciones próximas entre sí permite interpretar el territorio como un importante núcleo especializado en la fabricación de cerámica.
Siglos II y I a. C.
Buena parte de los hornos documentados corresponden a los siglos II y I a. C., un periodo especialmente interesante porque coincide con la progresiva incorporación del territorio ibérico al mundo romano.
Una tradición que puede ser anterior
Las investigaciones han proporcionado indicios de que la actividad alfarera del entorno podría remontarse a siglos anteriores.
El complejo permite estudiar, por tanto, una larga evolución tecnológica.
De la cerámica ibérica a la romana
Uno de los aspectos más interesantes es la transición entre formas de producción de tradición ibérica y nuevos modelos relacionados con el mundo romano.
Los cambios políticos y económicos también dejaron su huella en los objetos cotidianos.
Hornos cada vez mayores
Durante este proceso se construyeron instalaciones de mayor tamaño capaces de cocer grandes recipientes.
Entre ellos se encontraban ánforas y vasijas destinadas al almacenamiento y transporte de productos.
Cómo funcionaba un horno
La cerámica debía cocerse controlando cuidadosamente temperatura, combustible y circulación del aire.
El fuego se desarrollaba en una cámara inferior y el calor ascendía hacia la zona donde se colocaban las piezas.
La parrilla
Algunos hornos conservan elementos que permiten comprender con bastante precisión su funcionamiento.
Las perforaciones de la parrilla facilitaban el paso del calor desde la cámara de combustión hasta la zona de cocción.
Mucho más que hornos
Un alfar necesitaba numerosas instalaciones auxiliares.
Las excavaciones han identificado espacios relacionados con la preparación de arcillas, fabricación de recipientes, secado y otras fases del proceso productivo.
Edificios de madera
Las improntas conservadas en el terreno han permitido detectar antiguas construcciones y empalizadas realizadas con madera.
Aunque el material desapareció hace siglos, las huellas dejadas permiten reconstruir parcialmente aquellos espacios de trabajo.
Balsas de decantación
La arcilla debía prepararse antes de utilizarse.
Las balsas de decantación permitían eliminar impurezas y obtener una materia prima adecuada para fabricar recipientes de calidad.
Los testares
Junto a los hornos aparecen grandes acumulaciones de fragmentos cerámicos conocidas como testares.
Allí terminaban muchas piezas defectuosas o rotas durante el proceso de fabricación.
La basura del alfarero, tesoro del arqueólogo
Para la arqueología estos vertederos resultan extraordinariamente valiosos.
Miles de fragmentos permiten conocer qué formas se fabricaban, cómo cambiaron a lo largo del tiempo y qué problemas podían producirse durante la cocción.
Escritura ibérica
Entre los hallazgos aparecen también piezas con signos de escritura ibérica.
Se han documentado sellos impresos sobre cerámicas y otros objetos excepcionales relacionados con este sistema de escritura.
Pequeñas figuras de barro
Las excavaciones han recuperado además figuritas de arcilla cocida.
Entre ellas se han identificado representaciones de animales como un toro o buey, un caballo y un carnero, además de fragmentos de figuras humanas.
Un centro de producción regional
La escala del complejo indica que la cerámica fabricada aquí no estaba destinada únicamente a los habitantes inmediatos.
Los investigadores consideran que el alfar abasteció a diferentes poblaciones de un territorio considerablemente amplio.
El Cabezo de la Guardia
A pocos kilómetros se encuentra el importante Poblado Ibérico del Cabezo de la Guardia de Alcorisa.
La proximidad de ambos lugares permite imaginar la relación entre los centros habitados y los espacios especializados en producción artesanal.
Ruta de los Íberos
El conjunto forma parte de la Ruta de los Íberos en el Bajo Aragón.
La visita puede combinarse con otros yacimientos de Alcorisa, Alcañiz, Andorra, Oliete, Azaila o el Matarraña para obtener una visión mucho más completa de la cultura ibérica.
Qué observar
Intenta identificar las diferentes partes de los hornos y comprender cómo circulaba el calor.
Observa también el espacio situado alrededor: fabricar cerámica exigía disponer de agua, arcilla, combustible, zonas de trabajo y lugares donde secar y almacenar las piezas.
El Olmo y Mas de Moreno permiten contemplar algo poco habitual en un yacimiento arqueológico: no solo dónde vivieron las personas del pasado, sino el lugar donde trabajaban, organizaban una auténtica producción especializada y fabricaban los recipientes que después utilizarían otras comunidades del Bajo Aragón.