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MONUMENTO

Iglesia y Torre de Burbáguena

📍 Burbáguena · Jiloca

Monumental iglesia barroca del siglo XVIII presidida por una espectacular torre de cinco cuerpos que mantiene viva la tradición mudéjar del valle del Jiloca.

Sobre este lugar

La Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de Burbáguena constituye, junto con el castillo, uno de los grandes hitos visuales de la localidad.

Su monumental torre de ladrillo destaca desde lejos sobre el caserío y representa perfectamente la larga pervivencia de la tradición mudéjar en el valle del Jiloca.

Un nuevo templo en el siglo XVIII

La iglesia actual sustituyó a un edificio anterior que había sido ampliado durante el siglo XVI.

A mediados del siglo XVIII se decidió construir un templo de mayores dimensiones.

En 1745 comenzó el derribo de la antigua iglesia y al año siguiente, 1746, se colocó la primera piedra del nuevo edificio.

Francisco Subirón

La dirección de las obras fue encargada al maestro Francisco Subirón, natural de Anento y vecino de Burbáguena.

Los trabajos se prolongaron durante más de dos décadas.

Hacia 1765 el edificio estaba ya esencialmente cubierto y en 1768 fue bendecido el nuevo templo, aunque todavía quedaban algunos elementos por completar.

Arquitectura barroca

El edificio responde fundamentalmente al lenguaje barroco.

Presenta tres naves, una central de mayores dimensiones y dos laterales, además de crucero y cabecera recta.

La nave central se cubre mediante bóveda de cañón con lunetos, mientras que en las laterales aparecen bóvedas de arista.

La cúpula

Sobre el crucero se eleva una cúpula apoyada sobre pechinas.

Exteriormente se traduce en un cimborrio de ladrillo, material que conecta visualmente esta parte del edificio con la torre.

Una torre de cinco cuerpos

La espectacular torre campanario constituye el elemento más reconocible del conjunto.

Está organizada en cinco cuerpos.

Los dos inferiores son cuadrados, mientras que los tres superiores adoptan planta octogonal.

La transición progresiva entre las distintas alturas proporciona a la torre una silueta especialmente esbelta.

La tradición mudéjar continúa

Aunque fue construida en pleno siglo XVIII, la torre mantiene numerosos recursos derivados de la tradición arquitectónica mudéjar del valle.

El uso expresivo del ladrillo, la decoración geométrica y la combinación de cuerpos cuadrados y octogonales muestran hasta qué punto aquel lenguaje artístico continuaba influyendo en los constructores aragoneses siglos después de la Edad Media.

Por eso resulta habitual hablar en este caso de una torre de carácter barroco-mudéjar o de pervivencia mudéjar.

El chapitel

La torre termina mediante un característico chapitel bulboso, solución frecuente en el barroco aragonés.

Este remate refuerza todavía más su presencia sobre el perfil urbano de Burbáguena.

Bien de Interés Cultural

El conjunto posee reconocimiento patrimonial oficial y constituye una de las piezas arquitectónicas más destacadas de la localidad.

Un pueblo de palacios

La visita a la iglesia puede completarse recorriendo las calles próximas.

Burbáguena conserva diferentes ejemplos de arquitectura civil y casas palaciegas, entre las que destaca el palacio relacionado con la familia Latorre y los marqueses de Montemuzo.

Galerías de arquillos, portadas y aleros recuerdan el pasado de las familias acomodadas que residieron en la localidad.

Castillo e iglesia

La imagen más interesante de Burbáguena surge precisamente de la relación entre sus dos grandes monumentos.

En la zona superior permanecen las ruinas del castillo medieval; más abajo se levanta la enorme torre de la iglesia del siglo XVIII.

Entre ambos queda resumida buena parte de la evolución histórica de la localidad.

Qué observar

Antes de acercarte demasiado, contempla la torre desde cierta distancia para apreciar sus proporciones.

Identifica los dos cuerpos cuadrados inferiores y observa cómo la construcción pasa después a la planta octogonal.

Cuando estés junto al edificio, busca la decoración realizada mediante el propio ladrillo.

Es un magnífico ejemplo de cómo el mudéjar dejó de ser únicamente un estilo medieval para convertirse en una tradición arquitectónica profundamente arraigada en Aragón.