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YACIMIENTO

Poblado Ibérico de Els Castellans

📍 Cretas · Matarraña / Matarranya

Poblado ibérico fortificado entre Cretas y Calaceite, con calle central, viviendas, muralla, foso y acceso tallado en la roca, ocupado entre los siglos VI y II a. C.

Sobre este lugar

Sobre una elevación situada entre Cretas y Calaceite se conservan los restos del Poblado Ibérico de Els Castellans, uno de los yacimientos arqueológicos más interesantes del Matarraña.

Su calle central, las viviendas alineadas a ambos lados, la muralla, el acceso tallado en la roca, un posible torreón y el foso permiten comprender con bastante claridad cómo se organizaba y defendía un pequeño asentamiento ibérico hace más de dos mil años.

Els Castellans está protegido como Bien de Interés Cultural, en la categoría de Zona Arqueológica, y forma parte de la Ruta de los Íberos en el Bajo Aragón.

Un poblado sobre una elevación

Los habitantes de Els Castellans eligieron cuidadosamente el lugar donde establecerse.

El asentamiento ocupa una elevación alargada que proporcionaba buenas condiciones defensivas y permitía controlar visualmente el territorio próximo.

Esta elección del relieve es característica de numerosos poblados ibéricos.

Entre Cretas y Calaceite

El yacimiento se encuentra en el límite de los términos municipales de Cretas y Calaceite.

Actualmente se identifica especialmente con Cretas, aunque su posición fronteriza recuerda que los límites administrativos modernos no tienen relación con el territorio que organizaban las comunidades ibéricas hace más de dos mil años.

Siglos de ocupación

Los materiales arqueológicos recuperados permiten situar la ocupación del asentamiento entre aproximadamente los siglos VI y II a. C.

Nos encontramos, por tanto, ante un lugar que atravesó diferentes etapas de desarrollo de la cultura ibérica.

Durante ese largo periodo cambiaron las relaciones comerciales, las formas de organización política y, finalmente, apareció una nueva potencia que transformaría completamente el territorio: Roma.

Una calle central

Uno de los elementos que facilita especialmente la interpretación del poblado es su organización urbana.

Una calle longitudinal recorre el asentamiento y a ambos lados aparecen viviendas de planta fundamentalmente rectangular.

El esquema permite imaginar un pequeño núcleo donde las casas compartían muros y se adaptaban a la forma estrecha y alargada de la elevación.

Las viviendas

Las estructuras conservadas corresponden a los zócalos pétreos de construcciones cuyos alzados utilizarían también materiales más perecederos.

En estos espacios se desarrollaban numerosas actividades cotidianas: preparación de alimentos, almacenamiento, descanso y diferentes trabajos domésticos y artesanales.

La arqueología intenta reconstruir esa vida cotidiana a partir de fragmentos de cerámica, herramientas y restos aparentemente insignificantes.

Una poderosa muralla

Els Castellans estaba protegido por una muralla construida con grandes sillares.

Parte de esta estructura se conserva especialmente en el sector norte.

La muralla protegía físicamente el asentamiento, pero probablemente desempeñaba también una función simbólica: una fortificación visible transmitía control y poder sobre el territorio.

La puerta

El acceso al poblado se encontraba en el sector occidental.

Uno de sus detalles más interesantes es una escalera tallada directamente en la roca para salvar el desnivel.

Es un magnífico ejemplo de cómo los constructores adaptaron el propio terreno a las necesidades defensivas y urbanas.

El torreón y el foso

En la zona suroeste se conservan estructuras que han sido interpretadas como parte de un posible torreón semicircular.

Junto a ellas aparece también un foso relacionado con el sistema defensivo.

Muralla, torre, foso y control del acceso convertían la entrada en el punto mejor protegido del poblado.

Defender un pequeño asentamiento

La existencia de unas defensas tan cuidadas plantea una cuestión interesante.

¿Por qué invertir tanto esfuerzo en fortificar un núcleo relativamente pequeño?

La respuesta está relacionada con una sociedad donde el control de tierras, caminos, recursos y excedentes agrícolas podía generar competencia y conflictos entre comunidades.

Cerámica local y objetos importados

Las excavaciones proporcionaron cerámica ibérica y materiales de importación.

Estos últimos son especialmente interesantes porque demuestran que el Matarraña no era un territorio aislado.

Productos, ideas y objetos circulaban a través de redes comerciales que conectaban las poblaciones del interior con otros puntos del Mediterráneo.

Una estela con un caballo

Las investigaciones y trabajos de recuperación realizados en el siglo XXI han continuado aportando sorpresas.

Durante una intervención arqueológica apareció reutilizada dentro de un muro una estela ibérica con la representación grabada de un caballo.

El hallazgo recuerda que incluso yacimientos excavados desde hace más de un siglo todavía pueden proporcionar información completamente nueva.

Las primeras excavaciones

Els Castellans ocupa también un lugar importante en la historia de la arqueología del Matarraña.

Fue excavado entre 1915 y 1916 por Pere Bosch Gimpera y Llorenç Pérez Temprado.

Aquellos trabajos pertenecen a una etapa fundamental en la que comenzó a estudiarse científicamente la enorme riqueza arqueológica del Bajo Aragón.

Un siglo de arqueología

Desde aquellas primeras campañas, las técnicas arqueológicas han cambiado enormemente.

Los investigadores actuales pueden obtener información de sedimentos, restos vegetales, pequeños fragmentos y análisis científicos que los arqueólogos de principios del siglo XX no tenían a su disposición.

Por ello, volver a estudiar antiguos yacimientos puede proporcionar resultados inesperados.

La Ruta de los Íberos

Els Castellans forma parte de la Ruta de los Íberos en el Bajo Aragón.

Esta red reúne poblados, necrópolis y centros de interpretación repartidos por diferentes comarcas y permite comprender que la cultura ibérica no puede explicarse mediante un único yacimiento.

Cada asentamiento aporta una pieza distinta del rompecabezas.

Els Castellans y San Antonio

Dentro del Matarraña resulta especialmente interesante comparar Els Castellans con el Poblado Ibérico de San Antonio de Calaceite.

Ambos muestran modelos de urbanismo y fortificación ibéricos, pero presentan dimensiones, estructuras y evoluciones diferentes.

Visitarlos permite entender mejor la variedad existente entre comunidades que compartían numerosos elementos culturales.

El Centro de Visitantes de Cretas

Cretas forma parte igualmente de la Ruta de los Íberos y cuenta con contenidos interpretativos dedicados especialmente a la lengua y escritura ibéricas.

La combinación de explicación y yacimiento ayuda a comprender una cultura cuya lengua todavía plantea numerosas preguntas a los investigadores.

Visitar unas ruinas

En un yacimiento arqueológico no debemos esperar encontrar edificios completos.

Lo que permanece son fundamentalmente los niveles inferiores de los muros.

La clave está en aprender a reconocer calles, habitaciones y defensas y utilizar esas estructuras para reconstruir mentalmente el espacio original.

Acceso libre y respeto

El yacimiento puede visitarse libremente.

Precisamente por encontrarse al aire libre es fundamental respetar las estructuras, no caminar sobre los muros y no retirar piedras, cerámicas ni ningún otro material.

Un pequeño fragmento fuera de su posición puede perder gran parte de la información arqueológica que contenía.

Qué observar

Comienza localizando la calle central.

Después identifica las viviendas dispuestas a sus lados y busca la línea de la muralla.

Acércate al sector del acceso y fíjate especialmente en la escalera excavada en la roca y en la disposición de las defensas.

Finalmente, levanta la mirada hacia el territorio que rodea el cerro.

Hace más de dos mil años, esa vista era una de las razones fundamentales para vivir aquí: Els Castellans no solamente ocupaba el paisaje; lo vigilaba y controlaba.