Albarracín es uno de los destinos imprescindibles de la provincia de Teruel. Su casco histórico se extiende sobre un promontorio rodeado por el río Guadalaviar y conserva un entramado de calles estrechas, pasadizos, escaleras y casas tradicionales que parecen adaptarse a la propia roca.
Uno de los rasgos más característicos de la localidad es el color rojizo de muchas de sus fachadas, junto con los entramados de madera y los balcones que acompañan al visitante durante el recorrido. La mejor manera de descubrir Albarracín es recorrerlo con calma, desviarse de las calles principales y acercarse a sus diferentes miradores.
Sobre la población se levanta su espectacular sistema defensivo, formado por el castillo y las murallas que ascienden por la ladera hasta la Torre del Andador. Desde distintos puntos del recinto se obtienen algunas de las mejores panorámicas del conjunto histórico y del paisaje que lo rodea.
En pleno casco histórico se encuentra también la Catedral de Albarracín, uno de los principales monumentos de la ciudad. Muy cerca se sitúan el antiguo Palacio Episcopal, el Museo Diocesano y otros espacios culturales gestionados por la Fundación Santa María de Albarracín.
Otro de los lugares destacados es el Castillo de Albarracín, antigua alcazaba islámica vinculada a los Banu Razín. En su interior se conservan importantes restos arqueológicos del Albarracín medieval y su ubicación lo convierte además en un magnífico mirador sobre la ciudad.
La Torre Blanca completa algunos de los principales elementos defensivos del conjunto y actualmente funciona también como espacio cultural y mirador.
Albarracín es además un excelente punto de partida para descubrir la Sierra de Albarracín y lugares próximos como el Paisaje Protegido de los Pinares de Rodeno, sus abrigos con arte rupestre, Calomarde o distintos senderos del entorno.